“El abogado, se distingue de los demás”

Publicado: Jueves, 9 de agosto de 2018

“Un hombre sin principios es vacilante en todas sus ideas… Nada se tiene por útil o exacto si no está fundado en principios”- Justo Arosemena

Hoy conmemoramos un año más del natalicio del insigne ciudadano panameño, Dr. Justo Arosemena Quesada; hombre de letras, compilador de leyes y codificador; padre de la nacionalidad panameña; historiador, político, diplomático, autor; hombre de bien, honesto, humilde, amante del pueblo donde nació y su centro de inspiración contra el abandono y decidía del Estado que nos mantenía cautivos y por el que luchó; hizo de su tierra un Estado, con identidad propia, como lo demostró desde todos los ámbitos (geográfico, político e histórico).

En nuestra tierra, la actividad y vitalidad demostrada por el Dr. Arosemena en vida, es la encarnación del alma del abogado; por ello, es oportuno que traigamos a colación a otro insigne jurista, pero esta vez español, Ángel Ossorio y Gallardo, quien, al igual que Don Justo Arosemena, amó el Derecho con máxima pasión, pero como dijo Roberto Ibáñez Mariel en el prólogo de una edición de ese compendió de ideas filosóficas del ser o no ser abogado,  “El Alma de la Toga”:  “Pero del Derecho, lo que le seducía por encima de todo era la profesión de abogado…, -cita a Ossorio- “la ciencia no es más que un ingrediente.  Junto a él operan la conciencia, el hábito, el engranaje de la vida, el ojo clínico, mil y mil elementos que, englobados, integran un hombre, el cual precisamente por su oficio, se distingue de los demás.

Lo subrayado es nuestro, como acostumbramos a decir en los escritos; esta es una profesión que distingue de los demás.  Hace un siglo y más, señalaba Ossorio: “Urge reivindicar el concepto abogado.  Tal cual hoy se entiende, los que en verdad lo somos, participamos de honores que no nos corresponden y de vergüenzas que no nos afectan.  En España todo el mundo es abogado, mientras no pruebe lo contrario.” (Cualquier semejanza es mera coincidencia).

No cualquiera es abogado, cualquiera puede estudiar el Derecho, sin embargo, aquellos que siguen los principios y valores, como Montesquieu, Couture, Duguit, Kelsen, Marshall, Chiovenda, Arosemena, Ossorio, y muchos otros, quienes creían en el imperio de la ley y de los Derechos Humanos, en el estudio permanente, en el trabajo duro, en la tolerancia, en la paciencia  y sobre todo tenían  fe en el Derecho como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la Justicia, como destino normal del Derecho; en la Paz como substituto bondadoso de la Justicia; y sobre todo, fe en la Libertad, sin la cual no hay Derecho, ni Justicia, ni Paz, es cuando el Derecho toma vida,  es precisamente la encarnación del alma del abogado, en la persona.

No podemos dejar de lado la otra cara de la moneda, los operadores de justicia, quienes nos hemos formado en el Derecho.  Estando en la otra orilla, debemos aplicar ese mismo ímpetu de vida que llevaron los insignes juristas y abogados, antes mencionados.  Los valores demostrados por estos grandes hombres en el ejercicio del Derecho, puesto que somos abogados, primero, y luego administradores de justicia.

Quisiéramos señalar que, la tarea que nos ha sido encomendada a los operadores judiciales, es compleja, necesita que destinemos esfuerzos adicionales cada día, que investiguemos las últimas tendencias doctrinales, que analicemos la jurisprudencia y tomemos en cuenta el contexto histórico de los hechos que son sometidos a nuestra consideración para poder decir el Derecho y dar la razón a quien la tiene.

Por último, debemos felicitar a todas las abogadas y  abogados del Órgano Judicial que han elegido dedicar al servicio público con vocación, su esfuerzo, su intelecto, su trabajo duro, como lo hizo nuestro insigne ciudadano y padre de la nacionalidad, don Justo Arosemena Quesada, quien desde las tribunas legislativas, las salas de audiencias, los salones diplomáticos, los medios de comunicación, y sus vastos escritos sobre nuestra identidad como nación, nos distinguen, al igual que al abogado, de los demás.

¡Felicidades colegas!!