Elogio al maestro Jorge Fábrega Ponce

Publicado: Miércoles, 13 de diciembre de 2017

(A manera de responso)

Con el corazón contrito y apretado, como si se tratara de un gorrión con frío... Con la pena del huérfano que no ha podido encontrar un pecho para llorar la pérdida irreparable de tus enseñanzas sabias y el vacío de tu ausencia física, porque te has marchado, vengo ante tu silencio; padre y amigo, maestro y compañero sabio, para intentar expresarte el dolor de tus deudos, de tus muchos hijos del aula de enseñanzas, de la Academia y del foro donde te entregaste y nos dejaste la luz infinita de tus conocimientos jurídicos.

Hoy, sobre la fuente inagotable de tus amor por el Derecho Procesal Civil, ese campo que araste con la sencillez de tu talento y tu palabra justa para que fuéramos árboles que ya dan buenos frutos, vengo a decirte que el dolor no nos priva de tu presencia ni nos impide decirte gracias por darnos vida.

No hay palabras para agradecer tu legado de luz, maestro sencillo y grande; ni espacio para contener todo el vacío que hoy le deja tu partida al aula de enseñanza universitaria, a los tribunales y la judicatura, a la magistratura que también conoció de tus brillantes disquisiciones y análisis, y al pódium que te tuvo como expositor sencillo y brillante, luminoso y esclarecido.

Hay un llanto contenido y una certeza grave en este instante: un maestro ha dado su última lección de vida y se ha marchado.

Un astro del firmamento jurídico nacional e iberoamericano se ha ido, pero ha quedado su luz parpadeando: como una mega-estrella alfa que anuncia el nacimiento de nuevas luminarias para un cielo siempre ayuno de luz y de rutas ciertas.

Don Jorge Fábrega Ponce se ha ido con todas sus tareas cumplidas: las de padre de familia ejemplar, de ciudadano responsable, de maestro abnegado y paciente, de abogado litigante brillante, de jurista esclarecido y estudioso, de amigo paciente y leal, de hombre de letras ilustrado y sencillo, de expositor paciente y abnegado.

Nos deja la tarea de hacer que su semilla germine en todos los ámbitos en los que gravitó que no quede sin fructificar el campo que él preparó para la siembra y la cosecha de justicia; con procedimientos claros y seguros, con conceptos dinámicos y certeros.

No hay espacio para decirle adiós a quien nos entregó una vida fecunda y una obra en marcha que seguirá abriéndole nuevos caminos al debate procesal civil, produciendo juristas esclarecidos para la cátedra, a los estrados judiciales, al país y al continente; y marcándole rutas ciertas y seguras al moderno debate procesal civil y a la recta administración judicial, llevándole esperanzas a los que con hambre y sed de justicia buscan satisfacer sus pretensiones judiciales en los tribunales de justicia civil.

Con el corazón contrito por la pérdida física de mi maestro y padre espiritual en lo jurídico, vengo a decirle a los presentes que no busquemos al que vive entre los muertos.

Jorge Fábrega Ponce seguirá viviendo en sus enseñanzas, en sus libros e instituciones que ayudó a crear y entender mejor, a través del ejemplo de sus buenos discípulos y entre los que hoy testimoniamos su valor como docente y litigante, y sus enseñanzas vivas como jurista.

No lo despidamos con llanto. Démosle un aplauso cerrado a su vida de magisterio abnegado en pos de un país con justicia y procedimientos judiciales claros, con cátedra e instituciones que iluminen y formen buenos juristas, y con esperanzas ciertas de que podemos ser mejores de lo que hoy somos en la tarea de satisfacer a aquellos que tienen hambre y sed de justicia en nuestro país y en el mundo iberoamericano. Gracias por la luz: maestro, padre y amigo.

Te despedimos como se despiden a los maestros, no con llanto sino con un gran aplauso.

Muchas gracias.

Palabras del magistrado Abel Augusto Zamorano.